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Isla Ferdinandea: la misteriosa isla del canal de Sicilia que emerge y se sumerge bajo las profundidades del mar

La protagonista de este artículo es la isla Ferdinandea, una misteriosa isla de Sicilia que, a lo largo del tiempo, ha emergido de las profundidades del mar en varias ocasiones para, poco después, volver a sumergirse bajo las aguas. Como si sintiera vergüenza de la expectación que su presencia pudiera llegar a causar. Y aunque os pueda parecer una historia mitológica, fábula o cuento cuyo relato tuviera que iniciar con el habitual «había una vez», en este caso se trata de un hecho real. Entonces… ¿os apetece conocer la fascinante historia de esta «isla fantasma» y cómo estuvo a punto de ocasionar un conflicto entre el Reino de las II Sicilias y el Imperio Británico?

¿Cuál es el origen de la isla Ferdinandea y cómo se formó?

Antes de explicar la fascinante historia de la isla Ferdinandea, quiero desvelar su misterioso origen. Y es que, al igual que el de la inmensa mayoría de las islas e islotes, la isla Ferdinandea nace de la actividad eruptiva de un volcán. En su caso, se trata del volcán Empédocles, uno de los volcanes submarinos más grandes del mar Mediterráneo, localizado bajo las profundidades del canal de Sicilia (también conocido como estrecho de Sicilia) y cuyo descubrimiento se debe a una exploración científica realizada en el año 2006.

Dibujo a color de la isla Ferdinandea
(foto de custonaciweb.it)

A lo largo de la historia, han sido varias las ocasiones en las que la emisión de lava del volcán Empédocles ha provocado el nacimiento de una isla que, poco tiempo después, ha acabado desapareciendo bajo las profundidades marinas. Aún así, el estado habitual de la «isla fantasma» es bajo el mar, y es justo a unos 7 metros de profundidad dónde se encuentra en la actualidad.

Llegados a este punto, seguramente os preguntaréis ¿cómo puede ser posible que la isla Ferdinandea emerja y se sumerja bajo el mar? Pues bien, pese a que a lo largo de la historia el Empedocles ha tenido intensos y espectaculares episodios eruptivos, lo cierto es que el volcán no ha llegado a emitir magma (o al menos no en la cantidad necesaria) para que, al enfriarse la lava, se formara una base lo suficientemente sólida sobre la superficie marina.

Banco de Graham (parte submarina isla Ferdinandea)
(imagen de ascuoladaglialberi.net)

Así pues, en las ocasiones en las que ha aflorado la isla, el terreno de la misma lo han conformado una gran cantidad de ceniza y piedras escupidas por el volcán. Es decir, sin ningún tipo de consistencia, lo que ha sido clave para que, tras el cese de la actividad eruptiva, se produjera una rápida erosión y desintegración de la joven isla.

¿Dónde se encuentra la isla Ferdinandea? Mapa y ubicación

La isla Ferdinandea se localiza en el mar Mediterráneo, concretamente en el canal de Sicilia. Se encuentra a unos 50 km al nordeste de la isla de Pantelaria y dista unos 30 km de la costa de la isla de Sicilia, concretamente de la zona de Sciacca. Sus coordenadas son las siguientes: 37°10′00″N 12°43′00″E.

La fascinante historia de la isla Ferdinandea

Para explicar la historia de la isla Ferdinandea, vamos a empezar por el acontecimiento que la hizo realmente famosa y que le acabó dando nombre, o mejor dicho aún y como veremos en las siguientes líneas, varios nombres. La mayor parte de la información la he obtenido del libro «Dell’isola Ferdinandea e di altre cose» (Sobre la isla Ferdinandea y otras cosas) del geógrafo y periodista palermitano Salvatore Mazzarella, y del que incluyo varios extractos.

libro Isola Ferdinandea
Libro «Dell’isola Ferdinandea e di altre cose» de Salvatore Mazzarella

La aparición de la isla Ferdinandea en el año 1831

Durante el mes de junio de 1831 empezaron a producirse una serie de temblores sísmicos en la zona occidental de Sicilia. Terremotos que aumentaron de intensidad el 28 de ese mismo mes y que se alargaron hasta principios de julio. Pese a la intensidad de los mismos, las fuentes más fiables indican que no se produjeron muertes ni daños considerables. Ese mismo día, el capitán de la Marina Real británica, C.H. Swinburne, a bordo del navío de línea Rapid, se encontraba surcando las aguas del estrecho de Sicilia y, sintiendo en sus propias carnes los efectos de dichos temblores sísmicos, procedió a informar de lo acaecido.

Una pequeña barca que fue a pescar un poco más cerca, se aterrorizó ante la ebullición de las aguas y su extraordinario gluglú. (pág. 81)

El 2 de julio, mientras navegaban a través del canal de Sicilia, entre Sciacca (provincia de Agrigento) y la isla de Pantelaria, unos pescadores se percataron de un movimiento extraño de las aguas y observaron varios peces muertos sobre la superficie. Dos días más tarde, otros pescadores advirtieron un calentamiento de las aguas fuera de lo común que, en algunas zonas, alcanzaba el punto de ebullición. Y todo ello, acompañado por la presencia de centenares de peces inertes flotando. Ante tal situación, y con gran temor, los pescadores decidieron regresar al puerto de Sciacca.

3 días después se produjeron unos fuertes temblores sísmicos que parecían tener su origen en ese mismo punto del estrecho de Sicilia. El 8 de julio de 1831, el comandante del Bergantín-goleta Il Gustavo, Francesco Trefiletti, observó una columna de humo y fuentes de agua que alcanzaban varios metros de altura, además de diversos restos de materia quemada. Un día después, fue el comandante Giovanni Corrao quien advirtió ese mismo fenómeno, apreciando una humareda de unos 60 pies de altura y un fuerte olor a azufre. Ante tales evidencias, juzgó que se trataba de la actividad de un volcán. Durante los días venideros, fueron muchos los pescadores y marineros que observaron el evento, que incluso llegó a ser de una intensidad mucho mayor.

Preguntado por su nombre, este misterioso y fascinante hombre, secamente respondió «Giuseppe Garibaldi, de Nizza. ¡Buen viaje!». (pág. 105) – conversación entre unos marineros y un joven que estaba haciendo un reconocimiento del terreno de la isla.

Lamentablemente, no existen fuentes que indiquen con certeza el día en el que se produjo por primera vez el avistamiento de la nueva isla surgida del fondo del mar ni del afortunado protagonista de ese gran momento. Aún así, debió suceder entre el 11 y el 17 de julio de 1831. Lo que sí está claro es que, a partir de aquél momento, el nacimiento todavía en proceso de esa nueva isla corrió como la pólvora y no fueron pocos los que se animaron a visitarla. Y, entre ellos, algunos personajes históricos muy famosos, como por ejemplo el escritor escocés Walter Scott. Por lo visto, incluso un joven Giuseppe Garibaldi puso pie en ella varios años antes de su famoso desembarco de Marsala del 11 de mayo de 1860. ¿Quién sabe si fue él el primero en pisar la isla?

Las primeras expediciones científicas en la Isla

El 24 de julio, el geólogo alemán Friedrich Hoffmann, de vacaciones en Sicilia (pues sí, parece que ya en el siglo XIX los alemanes eran grandísimos admiradores de los encantos climáticos de Sicilia y unos turistas de pro), junto con 3 amigos, se convirtió en el primer científico en realizar un estudio sobre la isla. Pese a ello, los tentativos por desembarcar en ella fueron infructuosos, ya que el volcán todavía se encontraba en erupción y, a pequeños intervalos de tiempo, se encargaba de mostrar su magnificencia y peligrosidad. Pero no regresaron con las manos vacías, ya que el naturalista Rudolph Amandus Philippi que le acompañaba, pudo diseñar una serie de bocetos que, a su regreso, les permitieron dar muestra gráfica de la nueva isla surgida del fondo del mar.

Un viento muy vigoroso de scirocco que entonces soplaba, nos obligó muy a nuestro pesar a buscar refugio en la base de la falda opuesta de noroeste, y nosotros nos acercamos hasta poder tocar con el remo la nueva tierra. Pero no se nos permitió desembarcar. (pág. 127) – carta del prof. Hoffmann al sig. cav. Niccolò Cacciatore.

Unas semanas más tarde, entre el 11 y 14 de agosto, la Universidad de Catania envió una expedición capitaneada por su profesor de historia natural y experto volcánico, Carlo Gemmellaro. Al igual que su colega alemán, tampoco pudo desembarcar en la isla, pero la expedición llevó a cabo interesantes mediciones y análisis científicos además de realizar una serie de detallados dibujos de su fisonomía.

Isla Ferdinandea el 6 de agosto de 1831
Imagen de la colección Mechanical Curator, publicada por la Biblioteca Británica
(dominio público commons.wikipedia.org)

¿Hubo un conflicto político por la soberanía de la isla entre tres potencias de la época?

Muchas de las fuentes que he consultado hablan del hecho de que, a raíz del nacimiento de esta nueva isla, se produjo un importante conflicto político por su soberanía entre tres de las mayores potencias del periodo; el Reino de las Dos Sicilias, el Imperio Británico y el Reino de Francia. Y si bien es cierto que algunas chispas y recelos llegaron a surgir, por lo menos entre los ingleses y el Reino de las II Sicilias, el libro «Dell’isola Ferdinandea e di altre cose», que se nutre de las fuentes más completas y fidedignas, le resta cierta importancia a estas disputas. Disputas que menguaron al mismo ritmo que lo hicieron las dimensiones de la isla, señal inequívoca del breve tiempo de vida que le quedaba.

Los nombres con los que fue bautizada la nueva isla

Seguramente, uno de los mayores conflictos derivados de la aparición de la nueva isla que surgieron entre las tres potencias, fue a la hora de darle un nombre. Por parte del Reino de las II Sicilias recibió el nombre de isla Ferdinandea, en honor y gloria de su rey, Fernando II de las Dos Sicilias. Los británicos la bautizaron con el nombre de isla de Graham, en honor a Sir James Graham, «First Lord» (primer señor) Comisionado del Almirantazgo británico. Por el contrario, los franceses fueron mucho más pragmáticos, y la llamaron isla Julia (île Julia), debido a que julio fue el mes del «nacimiento» de la isla.

Otros la llaman Corrao, por el capitán del buque Teresina, que entre el 9 y 10 de julio y desde el mar, pensó en un nuevo volcán. (pág. 158)

Estos son los tres nombres más importantes que recibió la isla y por los que todavía hoy en día se la conoce. Sobre el uso de cada uno de ellos, depende del lugar geográfico desde el que se habla. Aún así, en el periodo de su aparición, la isla recibió otros nombres, aunque no llegaron a implantarse de forma definitiva. De entre ellos, destacan los de Corrao, Hotham, Nerita, Proserpina, Sciacca y Senhouse.

El papel del Imperio Británico

Durante todo el proceso de creación y desaparición de la isla, el Imperio Británico envío varias expediciones. Esto se explica por el hecho de que los británicos dominaban la isla de Malta, situada a muy poca distancia de la isla Ferdinandea, que a su vez se encontraba en el canal de Sicilia. Esta situación provocaba que los barcos ingleses de camino o regreso a las islas británicas acabaran pasando por esa zona.

HMS ‘Melville’ en las proximidades de la isla Ferdinandea (Graham Island) en 1831
British School
(dominio público commons.wikimedia.org)

Parece que habiendo sido el primero en desembarcar, y como prueba de ello, en demostrar su habilidad y poco temor ante el peligro, plantó la bandera de la confederación, es decir, la Union Jack. (pág. 162)

Tras numerosas aproximaciones de sus navíos, finalmente el 2 de agosto de 1831 el Imperio Británico hizo atracar una de sus naves en la nueva isla. La exploración que llevaron a cabo finalizó el 3 de agosto cuando, antes de partir, el oficial de la Marina Real británica, Humphrey Fleming Senhouse, plantó la Union Jack y bautizó a la isla con el nombre de Isla de Graham, en honor a Sir James Graham.

El papel del Reino de Francia

Aunque por aquél periodo el Reino de Francia se encontraba en constante conflicto con los ingleses, que controlaban la vecina isla de Malta, no parece que el interés francés por la nueva isla fuera de índole estratégica. Es más, no fue hasta finales de septiembre de 1831 cuando Francia se decidió a enviar su primera embarcación, el Bergantín Flèche, para explorar la isla. Una expedición principalmente científica en la que viajaba el geólogo Constant Prévost. Expedición que se llevó a cabo por expreso deseo de la «Académie royale des sciences» (Academia Real de las Ciencias).

Publicación de Constant Prévost en una revista de geología
Subido por ResMar – Sociedad Geológica de Londres
(dominio público commons.wikipedia.org)

En cuanto a Prévost, explora la isla, y confirma las sospechas que tenía: está hecha de materia polvorienta y de fragmentos de escorias. (pág. 183)

Tras un minucioso estudio, que se alargó durante tres días, Constant Prévost observó y notificó que la superficie de la isla se estaba erosionando debido a que la base de la misma no era consistente. Anotó síntomas claros de la erosión del terreno y varios derrumbamientos, lo que le llevó a vaticinar la pronta desaparición de la isla. La expedición también realizó varios diseños para mostrarlos a su regreso. Finalmente, los franceses abandonaron la isla el 29 de septiembre, no sin antes plantar su bandera (a modo de «¡eh, que hemos estado aquí!» y sin ninguna intención de reclamar su soberanía) y bautizarla con el nombre de Isla Julia (île Julia).

La posición del Reino de las II Sicilias y del Rey Fernando II

La reacción por parte del Reino de las II Sicilias fue bastante célere y ya el 13 de julio de 1831 se ordenó el envío de la corbeta Etna al canal de Sicilia. Un par de días más tarde, la nave, bajo el control del comandante Cacace, se detuvo a una milla de distancia del volcán marino, que se encontraba en plena erupción. Desde esa posición, los miembros de la expedición se dedicaron a observar y tomar notas sobre el impresionante fenómeno que estaba teniendo lugar ante sus atentas miradas. A su regreso, dieron parte de todo lo acontecido y desde el gobierno de Sicilia se decidió enviar una expedición científica, guiada por el abad Domenico Scinà, un reputado físico e histórico palermitano de la época.

Propio mientras se producía el fenómeno, sucedió que una enfermedad que amenazó con acabar con su vida se lo impidió. (pág. 115)

Lamentablemente, una repentina enfermedad del abad Domenico Scinà, mandó al traste la expedición. Es en ese momento cuando el Rey Ferdinando II sí que pecó de un cierto pasotismo. Una inacción poco comprensible. Y es que no fue hasta el 11 de agosto, gracias a la voluntad y gestiones llevadas a cabo por la Universidad de Catania, que llegó hasta las inmediaciones de la nueva isla una expedición científica siciliana. La expedición al mando el profesor de historia natural Carlo Gemmellaro ya comentada previamente.

La desaparición de la isla y el final de la contienda por su soberanía

La posible disputa por la soberanía de la isla Ferdinandea entre el Reino de las Dos Sicilias y el Imperio Británico (el Reino de Francia nunca llegó a mostrar interés en dicho sentido) no tuvo recorrido, ya que las siguientes expediciones certificaron las impresiones previas de los científicos. La nueva isla se estaba hundiendo. Ya el 7 de noviembre, el capitán inglés Walker, constató tal hecho y observó como la extensión de la isla se había reducido de forma drástica y su altura máxima apenas alcanzaba los 20 metros.

La encontró muy reducida y de un cuarto de milla en circunferencia. (pág. 191)

El 8 de diciembre, el capitán Allotta, bajo el mando del Bergantín Achille, verificó la práctica desaparición de la isla. Y ya en enero de 1832, no quedaba sobre la superficie marina del estrecho de Sicilia, rastro alguno de la isla Ferdinandea.

Otras apariciones de la isla Ferdinandea

Las fuentes hablan de que, tras los hechos del año 1831, la isla Ferdinandea volvió a emerger a la superficie, al menos en una ocasión más. Ya en el año 1846 se reprodujo la actividad volcánica del Empedocles, pero todo parece indicar que no se observó ningún avistamiento de la isla Ferdinandea. Algo que, finalmente, sí que ocurrió en el 1863. Aún así, no lo hizo de un modo tan espectacular y en esta ocasión la extensión de la isla no alcanzó el tamaño del año 1831. Además, la isla se sumergió bajo las profundidades marinas a una velocidad todavía mayor..

Historia reciente de la isla Ferdinandea

Durante el terrible terremoto del Belice de 1968, parece que las aguas entorno a la desaparecida isla Ferdinandea empezaron a calentarse de nuevo, lo que hizo pensar que la isla pudiera emerger de nuevo, pero no fue así. Ya en el año 2002 se volvió a intensificar la actividad sísmica en la zona. Ante tal situación, y para dejar clara a quién pertenecía la soberanía de una hipotética nueva isla en ese lugar, las autoridades de Sciacca decidieron enviar a unos submarinistas para que colocaran una placa en el Banco de Graham (así se suele conocer a la parte submarina de la isla Ferdinandea).

Placa en el Banco de Graham, parte submarina isla Ferdinandea
(imagen nauticareport.it)

Questo lembo di terra una volta isola Ferdinandea era e sara sempre del Popolo Siciliano. / Este trozo de tierra, una vez isla Ferdinandea, era y será siempre del pueblo Siciliano. – escrito de la placa colocada en el Banco de Graham.

La ceremonia contó con la presencia del Príncipe Carlos de Calabria, descendiente del Rey Fernando II de las Dos Sicilias. Finalmente, la placa se acabó rompiendo y en la actualidad ya no se encuentra en el Banco de Graham.

campo volcánico isla Ferdinandea
Estudio del campo volcánico de la isla Ferdinandea
(imagen del INGV)

Desde al año 2006, la Lega Navale Italiana (LNI) de Sciacca y el Dipartimento della Protezione civile Siciliana monitorizan la zona de los Campos Flégreos del Mar de Sicilia con un sensor de precisión que permite controlar la actividad sísmica. Además, en el mes de julio del año 2012, el Istituto Nazionale di Geofisica e Vulcanologia (INGV) realizó la primera exploración científica submarina del área, llevando a cabo un estudio geofísico en alta resolución sobre el Banco de Graham.

¿Volverá a emerger la isla Ferdinandea?

Si tenemos en cuenta que la isla Ferdinandea ha emergido en varias ocasiones y que el Empedocles todavía está considerado como un volcán activo, no es extraño pensar que sea posible que, en un futuro indeterminado, la isla Ferdinandea se forme de nuevo. Y quien sabe si, tal vez, de forma definitiva. En el caso de que esto llegara a ocurrir, no se produciría ninguna disputa por su soberanía, ya que con la legislación internacional actual, la isla Ferdinandea sería considerada parte del territorio de Sicilia y, en consecuencia, de soberanía italiana.

Bibliografía

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